El escape comienza mucho antes de llegar. Saliendo desde Bogotá (por La Calera o El Codito), el asfalto da paso a una hermosa ruta rural. Aquí el ritmo cambia: el camino de montaña va apagando el ruido de la ciudad y te envuelve en la calma del paisaje, kilómetro a kilómetro. Llegar al refugio no es un simple trayecto, es el primer gran respiro de tu desconexión total.